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miércoles, 5 de octubre de 2011

Una bacteria del Titanic entra en 'Top 10' de nuevas especies


 Una bacteria del Titanic entra en el último 'Top 10' de nuevas especies. Imagen cortesía de http://species.asu.edu

La bacteria hallada en el casco del transatlántico Titanic, Halomonas titanicae, forma ya parte del 'Top 10' 2011 de nuevas especies que ha anunciado, como cada año, el International Institute for Species Exploration de la Universidad de Arizona (EE UU) respecto a los descubrimientos del año anterior.

El exhaustivo estudio de caracterización de esta nueva especie se ha desarrollado por el catedrático de Microbiología de la Universidad de Sevilla, Antonio Ventosa y la investigadora Cristina Sánchez-Porro, conjuntamente con dos investigadoras canadienses.

Ventosa afirma que lo más importante de este tipo de publicaciones, en la que se selecciona las diez nuevas especies de todos los seres vivos con más relevancia descubiertas a lo largo de un año, es que "se trata de una forma de hacer llegar a la sociedad la gran biodiversidad que existe y de poner de manifiesto que aún conocemos muy poco, y más aún del mundo microbiano". Asimismo, el catedrático añade que se estima que tan solo se conocen entre el uno y el diez % del total de microorganismos que existen en la Tierra.

A 2 KM DE PROFUNDIDAD
La nueva bacteria se aisló a partir de muestras tomadas en 1991 a unos 2.000 metros de profundidad en unas estructuras parecidas a estalactitas que se encuentran en el casco del Titanic por investigadores de la Universidad Dalhousie, en la localidad de Halifax Canadá).

Tras este hallazgo, en 2010, Antonio Ventosa y su grupo de investigación consiguieron caracterizarla hasta determinar que se trataba de una nueva especie, a la que designaron como Halomonas titanicae, teniendo en cuenta el lugar de su aislamiento. 

Este tipo de bacterias viven a temperaturas muy bajas, entre dos y tres grados centígrados, requieren de un aporte de nutrientes muy bajo y además se trata de organismos aerobios que obtienen energía a partir de metales como el hierro y el manganeso.

Los estudios del grupo de investigación canadiense demostraron que estas bacterias se fijan a las superficies del acero y crean productos de corrosión que contribuyen, junto con otros microorganismos, al proceso de deterioro del casco del Titanic por lo que esta bacteria podría ser útil para realizar estudios relacionados con la eliminación de los viejos buques de guerra y mercantes que se han hundido en las profundidades del océano.

La bacteria Halomonas titanicae ha sido el primer microorganismo cuyo genoma completo se ha secuenciado mediante el nuevo sistema de secuenciación FLX 454, recientemente adquirido por el Servicio General de Investigación (SGI) de Biología, ubicado en el Centro de Investigación, Tecnología e Innovación de la Universidad de Sevilla (CITIUS). 

En este momento están trabajando en el análisis de este genoma para determinar qué genes están involucrados en los procesos de biocorrosión así como para descubrir qué mecanismos emplea un microorganismo de estas características para poder vivir en situaciones tan adversas.

Junto a la bacteria Halomonas titanicae en la lista de especies de 2010 aparecen una nueva familia de arañas, hongos, lagartos, insectos, sanguijuelas y un pez que se camufla con forma de pancake.

Bacterias son más resistentes a los antibióticos en zonas cerca a carreteras



Las bacterias E. coli resistentes a los antibióticos son mucho más frecuentes en aldeas cercanas a carreteras que en zonas completamente rurales, según un estudio difundido hoy por la Universidad de Michigan.

Este hallazgo sugiere que las carreteras juegan un papel muy importante en la propagación y contención de bacterias resistentes a los antibióticos, comúnmente llamadas "súper bichos".

"Muchos estudios sobre diversas enfermedades infecciosas han demostrado el impacto de las carreteras en la propagación de enfermedades. Sin embargo, éste es el primer estudio que demuestra que las carreteras también influyen en la propagación de bacterias resistentes a antibióticos", dijo Joe Eisenberg, coautor y profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad.

Los investigadores de la Universidad de Michigan, sus colegas de la Universidad San Francisco de Quito y el Trinity College en Connecticut (EEUU) estudiaron una región en el noroeste de Ecuador durante cinco años, para centrarse en la resistencia de la E. coli a los antibióticos ampicilina y sulfametoxazol.

El estudio encontró que no es tan sólo el uso del antibiótico individual el que afecta a la resistencia.

"Otros factores importantes que afectan a la propagación de la resistencia son la velocidad a la que se introducen nuevas cepas debido a movimientos desde y hacia la región, así como la mala calidad del agua y los sistemas de desagüe, que permiten la transmisión de esas cepas resistentes", añadió Eisenberg.

El consumo de antibióticos durante largos periodos de tiempo puede aumentar la resistencia de las bacterias pero si se toman durante lapsos cortos hay otras consecuencias.

Las cepas no resistentes mueren, pero las resistentes que puedan alojarse ya en el individuo aprovechan el espacio dejado por las desaparecidas, se multiplican y se convierten en las cepas dominantes.

De este modo, precisa el estudio, se aumenta la probabilidad de que ese individuo contagie a otros.

La investigación advierte de que una persona infectada puede contaminar alimentos o agua que pueden estar al alcance de otras personas, por lo que es muy importante considerar las infraestructuras y los sistemas de saneamiento.

"Si queremos pensar en cómo lidiar con la resistencia a antibióticos, tenemos que pensar en las condiciones del medio ambiente que causan la propagación de las bacterias de la resistencia a los antibióticos", concluyó Eisenberg.

El estudio se publica en el número de este mes de la revista Journal of the Royal Society Interface. EFE

Tomado de: http://es-us.noticias.yahoo.com/


 

martes, 4 de octubre de 2011

Usar proteínas víricas para combatir a bacterias resistentes a los antibióticos


La infección por Clostridium difficile es un problema cada vez más frecuente, especialmente en los hospitales, donde las características de las bacterias hacen que sea difícil eliminarlas.

Actualmente, se utilizan antibióticos para tratar las infecciones, pero la C. difficile es experta en adquirir resistencia, lo cual implica que la cantidad de antibióticos efectivos contra ella es cada vez menor.

En una investigación que se está llevando a cabo en el Instituto de Investigación Alimentaria (IFR), dependiente del Consejo de Investigaciones en Biotecnología y Ciencias Biológicas (BBSRC), del Reino Unido, se está explorando la posibilidad de usar proteínas producidas por virus que destruyen las células bacterianas, en la lucha médica contra infecciones microbianas potencialmente peligrosas.

Los virus bacteriófagos producen endolisinas que actúan específicamente contra ciertas bacterias, y el IFR ha estado estudiando una que destruye a la Clostridium difficile, fuente común y peligrosa de infecciones adquiridas en los hospitales.

El nuevo estudio muestra que es posible "ajustar" las propiedades de estas endolisinas para aumentar su eficacia y fomentar su desarrollo como una nueva arma en la guerra contra esas bacterias tan tenaces.
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Bacterias Clostridium difficile. (Foto: CDC / Lois S. Wiggs / Janice Carr)

Y, en esta línea de investigación, se trabaja activamente en la búsqueda de nuevos agentes antimicrobianos. En el IFR, Melinda Mayer y Arjan Narbad se han centrado en las endolisinas de los virus bacteriófagos. Éstas son proteínas relativamente cortas producidas por virus, las cuales actúan de manera muy específica contra ciertas especies de bacterias, abriendo brechas en su pared celular.

Parte del trabajo de investigación se ha venido realizando con colegas del Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL) en Hamburgo, Alemania.